Manolo Sanlúcar dobla en
la Bienal 2008
J. J. Téllez, 10 de septiembre
de 2008
Manolo Sanlúcar
(Foto Daniel Muñoz) |
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De casta le viene al galgo
Manolo Sanlúcar. No en balde, su padre
–que era un superviviente que amaba
la música y la poesía—murió
prácticamente cantando por soleares,
tal y como le confiaba recientemente a Fermín
Lobatón en ‘El País’.
Pertenece a una de esas castas legendarias
que hicieron de la vida un arte, con independencia
de cuál fuera realmente su oficio:
“He entregado mi vida a esta cultura
porque he creído en ella desde el primer
momento. Mi padre me entregó ese amor
por Andalucía y por su cultura. He
vivido por ella”, casi declamaba Manuel
Muñoz Alcón el pasado lunes,
en el Casino de la Exposición de Sevilla,
mientras que rodeado de autoridades, periodistas,
amigos y cómplices, presentaba el espectáculo
‘Tu oído es más viejo
que tu abuelo’, una cita elegida por
su hermano Isidro como título de la
gala inaugural de la XV Bienal de Arte Flamenco
de Sevilla: “Mi hermano Isidro fue quien
recibió el encargo de realizar esta
presentación. Me consta que le lleva
dedicado mucho tiempo y bajo una presión
absolutamente de entrega, con un rigor y profesionalidad
exquisitos”, insistía entonces.
Arropado por el baile de
Cristina
Hoyos –envuelta en las gasas de
un vestido color berenjena con el que se cubre
la cara como un homenaje a las tapadas forzosas-,
Israel Galván y Juan de Juan, el cante
de Arcángel, José Valencia,
Luis el Zambo y Fernando de la Morena y las
guitarras de David Carmona, Miguel Ángel
Cortés, Dani de Morón y Manuel
Morao, los ensayos se prolongaron hasta última
hora del miércoles, la víspera
de su representación en la Plaza de
San Francisco de Sevilla. Allí, bajo
la honesta y genial dirección de Isidro
Sanlúcar, afloraban los nervios de
última hora, los gritos casi siempre
inapropiados aunque quizá a veces imprescindibles
para que se produzca el milagro de la tensión
escénica. En un escenario en el que
intentaba poner orden Pepa Gamboa, se guardaba
sitio para el coro femenino de la Radio Televisión
de Bulgaria, que conserva el misterio de las
voces búlgaras, y se oía ya
el rigor instrumental de la Orquesta Joven
de Andalucía: “Lo mejor de la
Bienal hasta ahora ha sido poder conocer a
esta orquesta joven, que puede ser un perfecto
ejemplo de lo que Andalucía debe demostrar
en su música”, había afirmado
el de Sanlúcar en aquella rueda de
prensa.
En el concierto inaugural
de la Bienal incluyó la soleá
que compuso con 17 años, o la Oración
que dedicase a Curro Romero. Como la selección
musical ha corrido a cargo de su hermano Isidro,
él echa de menos más piezas
recientes: “No tengo los mismos dedos
que entonces. No tengo la misma edad que entonces.
No soy el mismo”. Si él tuviera
que resumir los hitos de su propia carrera,
daría tres títulos: los discos
‘Tauromagia’
y ‘Locura de brisa y trino’, o
‘Medea’, una composición
para danza que se convirtió en la pieza
más representada por el Ballet Nacional:
“Y eso que su repertorio incluía
varias obras de Falla. Pero fue Medea la que
más han representado desde Australia
a Rusia, desde Alemania a Argentina, y por
supuesto Canadá y Estados Unidos”.
La gala inaugural de la Bienal,
organizada por el Ayuntamiento de Sevilla
y patrocinada por la Agencia Andaluza para
el Desarrollo del Flamenco, trataba de rendirle
homenaje a su vida y a su obra, por parte
de la Bienal, quizá siguiendo en parte
el ejemplo de Málaga en Flamenco que,
el año pasado, conmemoraba el genio
de Paco de Lucía: “Paco podría
haber estado aquí pero me dijo: no
me hagas eso que voy a estar sin dormir hasta
el día de la actuación”,
confiaba a sus íntimos.
En público, sin embargo,
recobraba el aire de luto que empapa las páginas
de su libro ‘El
alma compartida’, que la Editorial
Almuzara le publicase el pasado año:
«La vida me lo ha arrebatado todo y
en esta curva descendente de mi vida, que
no de mi pensamiento artístico, agradezco
a la vida y a Dios que me haya puesto en este
camino porque así mi vida se ha justificado»,
aceptó Manolo, a quien todavía
se le saltan las lágrimas cada vez
que recuerda a su hijo Nano.
Pero no será la única
ocasión en la que Manolo Sanlúcar
comparezca ante el público sevillano
a lo largo de esta Bienal. El día 19,
en el Teatro Lope de Vega, estrenará
su esperada interpretación sobre la
pintura de Baldomero Resendi, que él
ha titulado “La voz del color”
y de la que ya ha anticipado algunas piezas
durante sus últimas actuaciones: “A
Ressendi, lo conocí cuando yo trabajaba
en el tablao de Las Brujas. Era de Sevilla,
pero iba mucho por Sanlúcar porque
eran parientes de la familia Romero, los de
las bodegas. Tenía un cierto aire de
déspota con aquellas botas altas que
llevaba. Pero tenía mucha sensibilidad.
Le gustaba el flamenco mucho. El padre era
médico y tocaba la guitarra clásica.
Recuerdo que él nos decía: ‘¿no
veis como se ponen de acuerdo todos los músicos
de las orquestas?’”.
Quizá esa sea una
de las divisas de su larga obra musical que
ha coqueteado de pleno con la música
clásica. Como demostró en los
cuatro movimientos de su ‘Fantasía
para Guitarra y Orquesta’, su poema
sinfónico “Aljibe”, con
la Orquesta Ciudad de Málaga, o en
‘Trebujena’, concierto para guitarra
y orquesta en Re Mayor. La ‘Medea’
que compuso para el Ballet Nacional de España
dio la vuelta al mundo con más de mil
representaciones a sus espaldas y le permitió
crear ‘Soleá’, en 1998,
para esa misma compañía.
A lo largo de su peripecia
artística y vital, con una larga discografía
difundida por todo el mundo, le ha rendido
frecuente homenaje a mundos contiguos, como
la ‘Tauromagia’ de 1990, o la
alusión constante a la poesía,
a través de la obra de Rafael Alberti
–compuso la música de La Gallarda
en la versión que Miguel Narros dirigió
para abrir la Expo de 1992 con Montserrat
Caballé, Ana Belén y José
Sacristán-- o de Federico García
Lorca, que inspiró en 2000 su ‘Locura
de brisa y trino’, con voz de Carmen
Linares, el mismo año que recibiría
el Premio Nacional de la Música, el
Puerta de Alcalá y el Flamenco Hoy
de la asociación de críticos.
Director musical de la película ‘Sevillanas’,
que dirigiera Carlos Saura, también
participó en ‘Flamenco’,
a las órdenes del mismo director. Sus
incursiones cinematográficas incluyen
créditos tan curiosos como el de la
banda sonora del documental japonés
“Viva la Blanca Paloma”, que grabó
junto a la Royal Philarmonia Orchestra que
él mismo dirigiría en Londres.
En septiembre de 2002 en
la Bienal de Arte Flamenco de Sevilla estrenaría
su composición ‘Mariana Pineda’,
interpretada a la guitarra por José
María Bandera, como hilo musical para
la danza de Sara Baras, con un guión
escénico de Lluis Pasqual sobre la
tragedia homónima de Lorca. A finales
de octubre, previsiblemente, estrenará
su tan esperada como aplazada ‘Música
para ocho monumentos’.
Manolo Sanlúcar dirige
anualmente un curso en el Festival de la Guitarra
de Córdoba, que suele transcurrir durante
el mes de julio y en el que incluye las materias
de acompañamiento al cante y al baile.
Fruto del mismo fue su ya célebre manual
de teoría y sistema sobre la guitarra
flamenca. Desde sus primeras palabras, marca
el territorio de su búsqueda: “Existe
la creencia, más o menos extendida,
de que el Flamenco es una cultura informal,
fruto de la improvisación y el divertimento,
asociada a la fiesta y a la juerga. Teniendo
que admitir que más de una botella
se ha descorchado escuchándose cantar
flamenco, no deberían ser éstas
las credenciales de nuestra cultura, sino
el vasto contenido artístico que la
sostiene”.
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