Manolo Sanlúcar
Biografía, discografía, Audio y comentarios de los lectores

 

 

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“Tú eres gitano”

 

Manolo Sanlúcar
   

En la actualidad, suele residir en su vivienda de El Pedroso, en la provincia de Sevilla, pero su corazón sigue pegado a la desembocadura del Guadalquivir, en Sanlúcar. En sus declaraciones a Bohórquez, reprocha sin embargo que Cádiz le haya olvidado pero se siente especialmente querido por los jerezanos: “Con 17 años yo estaba con La Paquera, iba a Jerez y sentía allí todo el cariño de los gitanos –afirma hoy en esta larga charla con Flamenco-world.com-. Hasta el punto de que yo decía que era gachó y se rebelaban conmigo: “Tú eres gitano”. La verdad es que los gitanos de Jerez son especiales. Manuel El Sordera salía a la calle y la hacía suya. Los gitanos de Jerez constituyen una aristocracia. No hace mucho tiempo, hasta los señoritos jerezanos presumían de ser gitanos. Los gitanos a los que me refiero no consideran gachó al que no es gitano sino al que tiene un comportamiento de gachó. Y a esos, yo también les digo que son gachós”.

Quizá en la guitarra no se noten tanto los matices del rajo gitano que caracteriza a algunos cantes: “Una taranta que es del norte de Andalucía cuando se interpreta al sur, conlleva en cualquier caso la cadencia andaluza. Cadencia significa caída. La cadencia andaluza se percibe lo mismo en la taranta que en la seguiriya que en cualquier otro toque. Lo demás, son comparaciones aleatorias. Hay diferencias en la expresión, en el gesto, en el ay, incluso entre el pasado y el tiempo que hoy vivimos. Hoy se sabe, al menos eso he leído, que durante el doblamiento árabe y bereber de Al-Andalus, con las tropas magrebíes viajaron gente de la India que trajeron hasta esta tierra sus canciones. Así que siglos más tarde, cuando los gitanos llegaron a Andalucía se encontraron aquí con una música que reconocían como suya y que no habían encontrado en su largo viaje desde la India y a través de Europa”.

“El orgullo ataca, la satisfacción no”

Manolo Sanlúcar no ha dudado en comprometerse con la política, bien como militante del Partido Socialista Popular de Enrique Tierno Galván o apoyando junto a Paco Casero o Salvador Távora la Asamblea Civil de Andalucía a comienzos del presente siglo: “Estuve en todo ese mundo con un afán de servicio. Estuve cerca de Tierno, es cierto. Yo vivía en Madrid y entré en el Partido Socialista Popular porque iba buscando honestidad y verdad. Las ideas las manejan los hombres y terminan resultando lo que los hombres quieran que sean, no lo que las ideas son en realidad. ¿Cómo me voy a aferrar a una idea? Me aferro a un comportamiento ético e histórico. Yo no era socialista en el sentido estricto. Al menos, lo que entonces se consideraba así. Yo era socialista pero era humanista y no un socialista pragmático, como muchos se proclamaban a comienzos de la democracia. La humanidad es la que va marcando la historia. Y entre la percepción del hombre y el pensamiento estricto se abren tendencias alternativas. En cuanto me defino como socialdemócrata me siento comprometido a estar en la humanidad, no a ayudar a la humanidad como muchos pretenden desde una perspectiva paternalista. Yo me reconozco como socialdemócrata porque el socialismo ha ido conociendo, desde Marx hasta hoy, una especie de cedazo que ha ido filtrando todo eso. Pero al pensamiento y al ser humano se les ha ido poniendo etiquetas. Ahora, se habla mucho de los pobrecitos trabajadores. Y a muchos les encanta ejercer de pobrecitos trabajadores. Lo que defiendo respecto a una sociedad comunista como las que hemos conocido hasta la fecha es la idea de que el hombre puede caminar por sí mismo. Yo creo en la ambición humana y creo en la justicia. Claro que a mí no me va lo políticamente correcto. El otro día escuché que le preguntaban a Ramoncín por las diferencias entre su juventud y la de ahora. Y él decía que cuando él tenía veinte años quería tener dinero para comprarse un coche y ahora los jóvenes esperan que el coche se lo compren sus padres. Cuando yo me casé vivimos durante un tiempo en una pensión porque no teníamos casa. Yo no necesitaba un par de sillas, yo lo que necesitaba era una compañera”.

Desde la muerte de su hijo, los acontecimientos le han llevado al borde de la pasión, ese enorme ojo de huracán que algunos confunden con la locura. Así que no extraña que, ahora, defina a su siquiatra como su novio, de tanto frecuentarlo: “Es una magnífica persona. También toca la guitarra. El gran problema que tenemos él y yo estriba en cómo definir el orgullo. Yo no se sentir orgullo, se sentir satisfacción. El orgullo ataca, la satisfacción no arremete a nadie. La gente orgullosa suele ser agresiva. Yo me siento bien siendo andaluz, pero no usaría la palabra orgullo para definirme como tal, porque los oriundos de alguna zona de Francia, por poner un ejemplo, también pueden sentirse orgullosos de ser de allí. Yo el orgullo lo siento aquí en el pecho. Si lo relaciono con mi tierra, me entra dentro. Mi tierra soy yo, mi gente soy yo. Esta tierra es un verdadero orgullo y si no estamos mejor es porque somos generosos. Desde fuera nos vituperan porque nos dejamos vituperar. A la ministra Bibiana Aido le llamaron la flamenquita como un insulto, por haber dirigido y bien la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco. Lo peor es que algunos periodistas cuando intentaban defenderla también aceptaban que la palabra flamenco podría ser un insulto.”.

Manolo Sanlúcar dobla en la Bienal 2008

J. J. Téllez, 10 de septiembre de 2008


Manolo Sanlúcar (Foto Daniel Muñoz)
 


 

De casta le viene al galgo Manolo Sanlúcar. No en balde, su padre –que era un superviviente que amaba la música y la poesía—murió prácticamente cantando por soleares, tal y como le confiaba recientemente a Fermín Lobatón en ‘El País’. Pertenece a una de esas castas legendarias que hicieron de la vida un arte, con independencia de cuál fuera realmente su oficio: “He entregado mi vida a esta cultura porque he creído en ella desde el primer momento. Mi padre me entregó ese amor por Andalucía y por su cultura. He vivido por ella”, casi declamaba Manuel Muñoz Alcón el pasado lunes, en el Casino de la Exposición de Sevilla, mientras que rodeado de autoridades, periodistas, amigos y cómplices, presentaba el espectáculo ‘Tu oído es más viejo que tu abuelo’, una cita elegida por su hermano Isidro como título de la gala inaugural de la XV Bienal de Arte Flamenco de Sevilla: “Mi hermano Isidro fue quien recibió el encargo de realizar esta presentación. Me consta que le lleva dedicado mucho tiempo y bajo una presión absolutamente de entrega, con un rigor y profesionalidad exquisitos”, insistía entonces.

Arropado por el baile de Cristina Hoyos –envuelta en las gasas de un vestido color berenjena con el que se cubre la cara como un homenaje a las tapadas forzosas-, Israel Galván y Juan de Juan, el cante de Arcángel, José Valencia, Luis el Zambo y Fernando de la Morena y las guitarras de David Carmona, Miguel Ángel Cortés, Dani de Morón y Manuel Morao, los ensayos se prolongaron hasta última hora del miércoles, la víspera de su representación en la Plaza de San Francisco de Sevilla. Allí, bajo la honesta y genial dirección de Isidro Sanlúcar, afloraban los nervios de última hora, los gritos casi siempre inapropiados aunque quizá a veces imprescindibles para que se produzca el milagro de la tensión escénica. En un escenario en el que intentaba poner orden Pepa Gamboa, se guardaba sitio para el coro femenino de la Radio Televisión de Bulgaria, que conserva el misterio de las voces búlgaras, y se oía ya el rigor instrumental de la Orquesta Joven de Andalucía: “Lo mejor de la Bienal hasta ahora ha sido poder conocer a esta orquesta joven, que puede ser un perfecto ejemplo de lo que Andalucía debe demostrar en su música”, había afirmado el de Sanlúcar en aquella rueda de prensa.

En el concierto inaugural de la Bienal incluyó la soleá que compuso con 17 años, o la Oración que dedicase a Curro Romero. Como la selección musical ha corrido a cargo de su hermano Isidro, él echa de menos más piezas recientes: “No tengo los mismos dedos que entonces. No tengo la misma edad que entonces. No soy el mismo”. Si él tuviera que resumir los hitos de su propia carrera, daría tres títulos: los discos ‘Tauromagia’ y ‘Locura de brisa y trino’, o ‘Medea’, una composición para danza que se convirtió en la pieza más representada por el Ballet Nacional: “Y eso que su repertorio incluía varias obras de Falla. Pero fue Medea la que más han representado desde Australia a Rusia, desde Alemania a Argentina, y por supuesto Canadá y Estados Unidos”.

La gala inaugural de la Bienal, organizada por el Ayuntamiento de Sevilla y patrocinada por la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco, trataba de rendirle homenaje a su vida y a su obra, por parte de la Bienal, quizá siguiendo en parte el ejemplo de Málaga en Flamenco que, el año pasado, conmemoraba el genio de Paco de Lucía: “Paco podría haber estado aquí pero me dijo: no me hagas eso que voy a estar sin dormir hasta el día de la actuación”, confiaba a sus íntimos.

En público, sin embargo, recobraba el aire de luto que empapa las páginas de su libro ‘El alma compartida’, que la Editorial Almuzara le publicase el pasado año: «La vida me lo ha arrebatado todo y en esta curva descendente de mi vida, que no de mi pensamiento artístico, agradezco a la vida y a Dios que me haya puesto en este camino porque así mi vida se ha justificado», aceptó Manolo, a quien todavía se le saltan las lágrimas cada vez que recuerda a su hijo Nano.

Pero no será la única ocasión en la que Manolo Sanlúcar comparezca ante el público sevillano a lo largo de esta Bienal. El día 19, en el Teatro Lope de Vega, estrenará su esperada interpretación sobre la pintura de Baldomero Resendi, que él ha titulado “La voz del color” y de la que ya ha anticipado algunas piezas durante sus últimas actuaciones: “A Ressendi, lo conocí cuando yo trabajaba en el tablao de Las Brujas. Era de Sevilla, pero iba mucho por Sanlúcar porque eran parientes de la familia Romero, los de las bodegas. Tenía un cierto aire de déspota con aquellas botas altas que llevaba. Pero tenía mucha sensibilidad. Le gustaba el flamenco mucho. El padre era médico y tocaba la guitarra clásica. Recuerdo que él nos decía: ‘¿no veis como se ponen de acuerdo todos los músicos de las orquestas?’”.

Quizá esa sea una de las divisas de su larga obra musical que ha coqueteado de pleno con la música clásica. Como demostró en los cuatro movimientos de su ‘Fantasía para Guitarra y Orquesta’, su poema sinfónico “Aljibe”, con la Orquesta Ciudad de Málaga, o en ‘Trebujena’, concierto para guitarra y orquesta en Re Mayor. La ‘Medea’ que compuso para el Ballet Nacional de España dio la vuelta al mundo con más de mil representaciones a sus espaldas y le permitió crear ‘Soleá’, en 1998, para esa misma compañía.

A lo largo de su peripecia artística y vital, con una larga discografía difundida por todo el mundo, le ha rendido frecuente homenaje a mundos contiguos, como la ‘Tauromagia’ de 1990, o la alusión constante a la poesía, a través de la obra de Rafael Alberti –compuso la música de La Gallarda en la versión que Miguel Narros dirigió para abrir la Expo de 1992 con Montserrat Caballé, Ana Belén y José Sacristán-- o de Federico García Lorca, que inspiró en 2000 su ‘Locura de brisa y trino’, con voz de Carmen Linares, el mismo año que recibiría el Premio Nacional de la Música, el Puerta de Alcalá y el Flamenco Hoy de la asociación de críticos.
Director musical de la película ‘Sevillanas’, que dirigiera Carlos Saura, también participó en ‘Flamenco’, a las órdenes del mismo director. Sus incursiones cinematográficas incluyen créditos tan curiosos como el de la banda sonora del documental japonés “Viva la Blanca Paloma”, que grabó junto a la Royal Philarmonia Orchestra que él mismo dirigiría en Londres.

En septiembre de 2002 en la Bienal de Arte Flamenco de Sevilla estrenaría su composición ‘Mariana Pineda’, interpretada a la guitarra por José María Bandera, como hilo musical para la danza de Sara Baras, con un guión escénico de Lluis Pasqual sobre la tragedia homónima de Lorca. A finales de octubre, previsiblemente, estrenará su tan esperada como aplazada ‘Música para ocho monumentos’.

Manolo Sanlúcar dirige anualmente un curso en el Festival de la Guitarra de Córdoba, que suele transcurrir durante el mes de julio y en el que incluye las materias de acompañamiento al cante y al baile. Fruto del mismo fue su ya célebre manual de teoría y sistema sobre la guitarra flamenca. Desde sus primeras palabras, marca el territorio de su búsqueda: “Existe la creencia, más o menos extendida, de que el Flamenco es una cultura informal, fruto de la improvisación y el divertimento, asociada a la fiesta y a la juerga. Teniendo que admitir que más de una botella se ha descorchado escuchándose cantar flamenco, no deberían ser éstas las credenciales de nuestra cultura, sino el vasto contenido artístico que la sostiene”.

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Manolo Sanlúcar protagoniza la gala inaugural de la Bienal de Sevilla 2008

 
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