Especial. Extracto del libro ‘La Argentina vista por José Clará’ (1948)

La versión más universal
del baile flamenco

Flamenco-world.com, diciembre de 2008

Extracto del libro ‘La Argentina vista por José Clará. El arte y la época de Antonia Mercé’ de Néstor Luján y Xavier Montsalvatge. Edición facsimilar del original de 1948, publicado por Nortesur (Barcelona, 2008) con dibujos a color de Clará y, como epílogo, el texto ‘Elogio de Antonia Mercé La Argentina’ escrito por Federico García Lorca en 1930

Capítulo VII


Antonia Mercé ‘La Argentina’




 

LAS creaciones de los “ballets” de Antonia Mercé fueron importantísimas, definitivas para la historia del baile español en el teatro. Apenas si se ha hecho nada más de verdadera calidad coreográfica, fuera de sus creaciones, en el “ballet” nacional. Citar los nombres de las obras a las cuales su incansable fantasía plástica solicitó hospedaje es dar lista de lo más selecto de la música española de Albéniz a Halffter, de Granados a Falla. Por otra parte, su gusto por lo folklórico –en el sentido bien entendido de la palabra- la llevó a aprovechar todas las danzas regionales o locales que conoció. Así, por ejemplo, hace un largo viaje hasta Salamanca para adquirir unos pasos de baile charro, que sólo conoce un viejo acartonado que baila de una manera rígida, con una gracia singular, con pasos cortos y menudos. Luego, en sus viajes por el extranjero, sus facultades de asimilación se aguzan hasta lo inconcebible. De Filipinas trae una danza, ‘La Cariñosa’, inspirada en el baile de aquellas latitudes. Es un baile excelentemente compuesto, basado en la sugestión de los trópicos, con movimientos lentos y untuosos, en el transcurso del cual juega siempre con un pañuelo de encaje en la mano. La expresión, alegre en ocasiones, crispada en otras, tierna siempre, que supo infundir a esta breve pieza de tela, era algo arrebatador; parecía haberla dotado de vida propia, de una vida cálida, con una luz íntima parada en el encaje. Al estrenar este baile en París, la colonia filipina la felicitó con una emoción auténtica y transida.

En el trance de estas asimilaciones se comprueba la faceta más definitiva de su carácter: su maravilloso sentido de la estilización. Aprovecha cualquier danza, aunque sea del todo desordenada y confusa, y en cuatro rasgos característicos la incorpora a su rico y jugoso repertorio. Así llega un instante en que baila una jota aragonesa, una rumba cubana, una “suite” de danzas argentinas, que consta de tres bailes: Condiciones, Bailecito y Tango; una danza valenciana, toda la riquísima gama de danzas andaluzas. Todas estas estilizaciones, prodigio de contención de gesto y elocuencia expresiva, son todavía válidas para todas las danzarinas que quieren interpretar danza folklórica en serio, con un criterio de refinamiento y buen gusto.

Y, sin embargo, hora es de declarar asimismo que todas estas estilizaciones, con ser un espectáculo selecto, no produjeron nunca la impresión que causaba su versión de la danza andaluza, que ha sido la versión más universal que se ha dado al baile flamenco sin hacerle perder su lenguaje expresivo propio.

Jamás dejó de bailar de una manera completa, acabada y pletórica lo más puro del baile flamenco. Un testigo de excepción, el “cantaor” y compositor flamenco Fernando el de Triana, afirma categóricamente, en su inapreciable libro ‘Arte y artistas flamencos’, editado en 1935, que Antonia Mercé no es sólo la primera bailarina española en los teatros, sino que es la mejor “bailaora de tablao”. Y añade seguidamente “que puede alternar y aun enseñar a las mejores bailaoras de bata”. “Cuando llega a Madrid, sus amigos la obsequian –escribe Fernando de Triana- frecuentemente con una fiesta de género andaluz. Se reúnen los cantaores, los tocaores y bailaores de más crédito, y hasta los viejos, ya retirados. Acuden para trabajar una noche para ella sola. Se hace arte flamenco por todo lo alto. Y después de que todos han agotado su repertorio para que los oiga y vea La Argentina, entonces es ella la que se arranca a bailar para que la vean los otros artistas. Así la hemos visto bailar nosotros, después de las más renombradas maestras y creadoras, acompañadas por los mejores guitarristas. Y ése el mérito: que Antonia baila tan clásico y tan flamenco como las maestras, y que eran ellas y los profesionales del jondo los que más se entusiasmaban con ella”.

“Esto no lo sabe discernir el público, pero lo nota; y al ver que, junto a los movimientos y pasos de su invención, a los bailes de carácter moderno ella junta los bailes a la guitarra y los dificilísimos estilos andaluces, adivina que no son falsificados, sino de pura cepa, la que aun conservan unas pocas bailaoras y algunos profesores. Y premia con las ovaciones más cerradas lo que es la entraña española, que ella ha sabido conservar, perfeccionar sin falsearlo”.

Esta declaración de un artista tan ortodoxo y ligado a la escolástica más acerada del baile y del cante flamenco, como Fernando de Triana, es de la mayor importancia. La versión que da La Argentina de las seguidillas, del deslumbrante zapateado, del tango andaluz, de la malagueña, es de primera fuerza, y se adapta a un lenguaje directo, claro, inteligible a todos los públicos. Se puede decir que tenía dentro de sí en combustión todos los problemas plásticos del baile español. Cuando Carmen Amaya conquista América lo hace por puro signo contrario. Su baile no lo entiende nadie, no lo entiende ella misma. No es un esfuerzo inteligente: es un vendaval de formas yuxtapuestas y ardientes. Baila como dijo siempre La Argentina que no se tenía que bailar: de cintura para abajo, con los muslos y los pies. Pero no contaba La Argentina que la sangre de debajo de la cintura pesa y arde como ninguna cuando se baila de verdad. Y la sangre de Carmen Amaya tiene el coral más duro de toda nuestra historia de la danza. Por eso Carmen Amaya ha podido bailar diez años en América quedando absolutamente impermeable a todo, con una corteza gitana e impenetrable que no ha sido herida por nada. El baile de esta gitana no conoce nada de sí misma, pero se apodera de todas las fuerzas vitales del espectador al bailar. Es algo excepcional e inimitable que no puede dejar rastro, como no deja rastro el viento en las llamas de un incendio. La lección de norma y estilo de Antonia la vivimos todavía hoy pura y limpia; y es sólo porque bailaba con el corazón y la cabeza.

Más información:

Entrevista histórica a Antonia Mercé ‘La Argentina’, bailaora (1931)
“No se baila con los pies, sino con la cabeza y el corazón”

Especial. Breve historia del baile flamenco

 


 

LIBRO: Néstor Luján y Xavier Montsalvatge. “La Argentina” vista por José Clará (1948)

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LIBRO. José Luis Navarro y Eulalia Pablo Lozano, 'El Baile Flamenco'

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LIBRO. José Luis Navarro García, 'Tradición y vanguardia. (El baile de hoy. El baile de mañana)'

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Antonia Mercé ‘La Argentina’
Biografía y comentarios de los lectores

 

 

 

 

 
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