ESPECIAL. 10º ANIVERSARIO COMPAÑÍA EVA YERBABUENA

La genialidad de Eva

Martín Molina. Granada, 27 de junio de 2008

 

Eva Yerbabuena y Patrick de Bana
(Foto Patricia Díez)
   

La genialidad de Eva no reside únicamente en su baile. Son muchos los aspectos que la definen como lo que es, posiblemente la mejor bailaora ‘de todos los tiempos’, y entre ellos cabe destacar la maravillosa utilización que hace de los músicos en el escenario, amén del cuidado y elaboración de las coreografías, que resultan especialmente originales en el trabajo de los elementos dancísticos y la iluminación.

En sus trabajos se respira amor por el cante: lo baila, lo respeta, lo siente, lo interioriza… Amor por el cante, ese detalle tan olvidado por los que practican el baile flamenco en la actualidad. Eva ama el cante, y lo entiende, y así sabe lo que puede aportarle cada cantaor, y así a Miguel Poveda le sacó todo el jugo del oro de su garganta en las hermosas nanas. A Pepe de Pura lo reinventó por serranas, enceló a un preciso Arcángel por Granaínas, en comunión con Chacón, Ronda, el Albayzín y Huelva. De Segundo Falcón necesitó su devoción en una hermosa Caña, Supo emocionar a Marina Heredia por tangos, hasta que la granadina se puso de pie para lanzarle los sones del Monte a la bailaora y como colofón final, Enrique ‘El Extremeño’, uno de sus fieles puntales en el cante, se rompió en mil pedazos por soleá, doliéndose, emocionándonos, emocionándose, dedicándole letras y más letras que siempre hablaron de Yerbabuena, de sentimiento, de amor, de baile.

Aunque el recinto sea maravilloso para la vista y los sentidos, puede resultar excesivo para algo tan intimista como el flamenco, y para algo tan inconmensurablemente mágico como Eva, que para el décimo cumpleaños de su compañía ha traído a Granada todo lo mejor de sí misma, deshaciéndose en bailes y coreografías de su factura, deslizándose como un ente sin gravedad por el escenario junto a Patrick de Bana, siempre con ese halo musicalmente hechizante de la música que compone Paco Jarana y que es la columna vertebral de los espectáculos, hasta que Eva se queda en su alma y su corazón, despojada ya de cuerpo y vestimentas, y con todo, arropada por toda su gente, se marcha a son de romances, de bulerías al golpe y de los aplausos de un respetable que se puso de pie.


Compañía Eva Yerbabuena (Foto Patricia Díez)

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