Tampoco llegan ¡claro es! al célebre Silverio, ni a la veterana Sarneta, la cual hace seis años dejó entrever que, si se pusiera, todavía cantaría probablemente. Mercedes andaba muy mal entonces (no es que hoy esté en la opulencia), y gracias a Chacón, el notable cantaor sevillano, pudo dar un concierto en el Liceo Rius.


La Serneta
(Foto Alrededor del Mundo)

Los años no habían pasado en balde por las facciones de la hermosa jerezana, y júzguese de la sorpresa del público al oír a aquella vieja cantar por soleares como ya no se estila. Los que la conocieron en sus buenos tiempos, recordaban su copla predilecta:

“Quitarme de que te quiera,
es quitarme la salú,
porque a la calla callando,
mi alma la tienes tú”

Esto era cuando ella frecuentaba palacio, se codeaba con la aristocracia y tenía discípulas de cante en familias linajudas, como la de Medinaceli, de Salamanca, de Prim, de Yarayabo, Castellones, y otras, y cuando por cantar dos noches en Jerez la pagaron dos mi reales.


Las Silleras
(Foto Orestes Alrededor del Mundo)
 

Entre los mejores artistas de hoy están la Serrana, una cantaora muy buena, de Sevilla; Rita García, que canta aún, y bien, Luisa López, y las bailaoras -las mejores sin duda- las Macarronas, las Silleras y las Coquineras; el bailaor Antonio de la Rosa, el Pichiri, bailaor de chufla, es decir, de bailes análogos a los de los negros, tangos, etc., bailes burlescos, pero no tan apayasados y dislocantes como los de ahora, que son una mezcla de flamenco, de baile inglés y de contorsiones clownescas, procaces y ridículas, que han importado a España esos espectáculos de couplets, de danse du ventre, du todo el cuerpo y de toda la cara, porque hasta los más insignificantes músculos de ésta entran en acción.

En tocaores, queda mucho y bueno. Ahí está Miguel Borrull, Bautista Pérez, Paco el Barbero y Rafael Marín, notable este no sólo en género flamenco sino en todos, y conocedor de la guitarra y artista como ha habido muy pocos. Paco el de Lucena murió hace poco.

El arte flamenco tiene, sin duda, un incentivo especial, como lo tiene el toreo.

Así sólo se explica que haya quien pudiendo vivir una vida desahogada sin conocer los alfilerazos de la penuria, prefiere seguir la existencia azarosa del que sólo cuenta para vivir con lo que produzca el arte flamenco, sacrificando las comodidades y las consideraciones que para con él tendría la sociedad.

Un caso de estos es Carlos Cabrera, el Inglés. Pero no es el único; hay multitud de ellos.

*

Mercedes la Sarneta vive hoy del fiado de ropas, con un módico interés, alejada del arte y de sus glorias.

-¿Por qué la pusieron a usted ese apodo?- la preguntaba yo.

Y entre chupada al cigarrillo y bocanada de humo, me contestó:

-Porque disen de un pájaro, que le yaman sarneta, que es mu ligero, y como yo era mu viva de pequeña, me desía mi mare:

-¡Anda, que paese una sarnetiya!

Y Sarneta me quedé.

ROBERTO DE PALACIO

 

 
 
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