ESPECIAL. FLAMENCO WORLD MUSIC: GRABACIÓN DEL DISCO
‘EL ESPEJO EN QUE ME MIRO’ DE DAVID LAGOS
El cante y el horizonte
Silvia Calado. Tarifa, diciembre de 2008
Cuando el cantaor se veía
falto de inspiración, giraba la cabeza, tomaba aire
y miraba a través del cristal de la pecera. Las nubes
dejaban pasar haces de luz intermitente sobre el bravío
mar y el perfil de las primeras montañas africanas
se perfilaba de varios grises. David
Lagos contemplaba unos instantes “lo más
bonito que nos ha dado dios, naturaleza pura”. Y se
lo devolvía al cambiante horizonte del Estrecho de
Gibraltar en forma de cante, a través de un clásico
micrófono Neumann. Lo mismo que cambiaban la luz,
el viento y la forma de las nubes, también cambiaban
la temperatura, la energía y la textura de su voz.
No es lo mismo la vibración de las alegrías
dedicadas a Chano Lobato, que el cañonazo de las
bulerías a La Paquera, que la contundencia del remate
por cabales de Sernita de Jerez, que la dulzura de la canción
‘amilongada’ de El Sevillano.
Durante una semana de principios de un
coherente diciembre, el cantaor jerezano estuvo en los estudios
Central Tarifa (donde han grabado desde Estrella Morente
a Kiko Veneno, pasando por Melon Diesel o La Macanita) grabando
el núcleo del que va a ser su primer disco en solitario.
Y, después de tantos años labrándose
una carrera en el fragor del directo, lo tiene tan claro
como el agua que baña Punta Paloma. Haciendo un guiño
a la conocida soleá de Camarón,
su primer trabajo discográfico está ya bautizado
como ‘El espejo en que me miro’ y lo editará
próximamente la compañía Flamenco
World Music. Según explica David Lagos, “trato
de reflejar cómo a lo largo de mi trayectoria me
he visto influido por compañeros, por artistas, hasta
por familiares y, cuando he estudiado los cantes, escuchando
a los viejos”. Así que “cada tema es
una especie de homenaje a alguien que a mí me haya
influido, pues quiero que el disco refleje trocitos de mi
trayectoria, de mi vida, de lo que he mamado”, afirma
el artista.
El disco no es fruto de esta semana, sino
de años de preparación. De hecho, David llegó
a Tarifa con todos los temas perfectamente maquetados. La
mayoría elaborados mano a mano con el guitarrista
(aunque hermano) Alfredo
Lagos. A juicio del cantaor, “ha sido el ochenta
por ciento de este disco. Aparte de ser mi hermano, es un
lujo tenerlo ahí y una garantía total para
meterse a grabar en un periodo de tiempo relativamente corto”.
La eficacia ha sido la nota predominante en esta grabación.
La mayoría de los cantes están grabados en
una sola toma. Sólo había que esperar a que
la tarde fuera cayendo... Y con igual seguridad entraba
Alfredo Lagos en la pecera, aunque en su caso, a plena luz
del día.
Y lo mismo ocurrió cuando se presentó
Santiago
Lara a grabar las guitarras de sus alegrías y
sus bulerías, cuando el sanluqueño Paquito
González dejó listas las percusiones en
una intensa jornada, y cuando la pareja de palmeros que
forman Carlos Grilo y Luis Cantarote ‘El Lúa’
vinieron a poner el calor del compás y los jaleos.
Los invitados que faltan, van a grabar en el mismo corazón
de Jerez. Así ha de ser, al tratarse, por ejemplo,
de Moraíto
Chico. Y la soleá es su espacio, al son de una
letra dedicada a Fernando de la Morena que dice así:
“Pa’ que le digan ole/ no canta pa’
que le digan ole/ canta pa’ que le digan/ el mejor
de los mejores”.
Esta copla, como casi todas las demás,
está firmada por el propio David Lagos, quien ya
ha puesto su pluma al servicio de compañeros como
Miguel Poveda, Argentina y Jesús Méndez, entre
otros. Tiene ese infrecuente y especial don de componer.
Aunque él no se tiene por un creador: “Yo creación
no lo llamaría, lo llamaría recreación,
lo llamaría aportación. Así es como
creo que se escribe la historia del cante flamenco, con
aportaciones de los intérpretes”. Palabras
que remata con esta sentencia: “Si el flamenco ha
evolucionado y sigue evolucionando, es por las aportaciones
individuales”. Y este cantaor lo hace a cada paso:
“He tratado de ir dando en cada tema del disco, un
poquito de lo tradicional y un poquito de lo mío”.
De lo “escuchado a los viejos”
sobresale una canción con aire de milonga que ha
versionado a partir de dos cantes de Antonio el Sevillano,
“a quien he querido homenajear por otra faceta distinta
a la de sus fandangos, que es lo que más personalizó
y por lo que más se le conoce”. A lo que se
suma un doble guiño a la poesía en un taurino
tema por tangos -en parte extraído de la banda sonora
del espectáculo ‘Arena’
de Israel Galván- que enlaza, por medio de los
conceptos de la muerte y de la vida, a José Bergamín
y a Miguel Hernández. Por cierto, que todo el que
por allí asomó (ya fuera novia, periodista,
técnico, productor o músico) se fue cantiñeando
el estribillo del tema...
Todos menos Melchora Ortega, que allí
no estaba para cantar, sino para ser Inma, la compañera
vital de David Lagos. Su papel, casi silencioso, fue fundamental
durante los días de grabación. “Ella
es la supervisora”, comentaba bromeando el cantaor.
“Al margen de que me pueda dar su opinión,
sabe hasta dónde puedo llegar y si algo se puede
mejorar. Acepto las opiniones de todos pero a la hora del
cante, la que más me importa es la de Melchora”.
Que pasó las horas tejiendo un hermoso mantón
de ganchillo frente a la pecera, a espaldas del técnico
y propietario del estudio -el no menos eficaz José
María Sagrista-, sentada junto al reflexivo Alfredo,
escuchando, escuchando, escuchando... y sólo alguna
vez dando al cantaor, por el ‘talkback’, un
certero consejo, un poco de aliento, una oportuna dosis
de confianza.

Paquito González
durante la grabación (Foto Daniel Muñoz) |
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Todo eso y el mágico halo de los
homenajeados, la efervescencia de la creación online,
la complicidad de los compañeros, las comidas de
Nini, los mañosos ‘brico-reciclajes’
de José María, la discreta coordinación
de Daniel Muñoz, el bellísimo entorno, el
silencio nocturno, las luces de la otra orilla... intervinieron
en la grabación de ‘El espejo en que me miro’.
David Lagos asegura haber vivido “una experiencia
bonita porque te pones a prueba: a ver qué soy capaz
de hacer”. Además, está satisfecho de
haber conseguido un reto: “Ser lo más natural
posible”. Según matiza, “he pretendido
que todo esté lo más cerca de cómo
yo lo puedo ejecutar en un directo”. A lo que añade
la alegría de ver cómo cada tema iba ganando
a medida que a la voz se le iba añadiendo la guitarra,
la percusión, las palmas: “Todo ha ido cogiendo
color y me ha ido llenando de satisfacción”.
Y en un sitio como este, esos sentimientos se maximizan:
“Creo que se ha elegido para este tipo de disco el
estudio idóneo porque es un estudio vivo. No es un
estudio de ladrillo, hormigón, linóleo y corchos
prefabricados que ahora se están estilando. Este
está hecho de madera, de piedra y de materiales naturales;
es un estudio muy cálido”. Y, para colmarlo
de virtudes, “tiene una pecera que si te coge poco
inspirado te paras un momento y miras al mar y estás
viendo lo más bonito que nos ha dado dios, naturaleza
pura”.
El cantaor
jerezano David Lagos debutará próximamente
con su primer disco en solitario, ‘El
espejo en que me miro’, editado por Flamenco
World Music. El álbum formará
parte de la colección de flamenco actual
de la compañía, en la que ya figuran
‘Barcas de plata’ de Encarna Anillo
y ‘Viento del Norte’ de Jesús
Torres. En el primer semestre de 2009, también
está previsto el lanzamiento de ‘Vientos
flamencos 2’ de Jorge Pardo.
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