DVD: VV/AA
"Rito y Geografía del Baile (12 DVD)"


Toni el Pelao
Biografía y comentarios de los lectores

La Uchi
Biografía y comentarios de los lectores



 

JUEVES FLAMENCOS DE SEVILLA 2008. TONI EL PELAO & LA UCHI

Vida y obra de Los Pelaos

Silvia Calado. Sevilla, 13 de marzo de 2008

‘Puro flamenco’. Toni el Pelao: baile, coreografía, dirección. La Uchi: baile, coreografía. Roberto Lorente, Pepe Jiménez: cante. Juan Serrano, Luis Miguel Manzano: guitarras. Jueves Flamencos 2008. Centro Cultural Cajasol, Sala Joaquín Turina. Sevilla (España), 13 de marzo de 2008. 21 horas


Toni el Pelao en 'Puro Flamenco' en Sevilla (Foto Daniel Muñoz)

Alguna que otra fotografía, con suerte algún vídeo, quizás alguna crónica romántica y, sobre todo, mucha boca-oreja hacen intuir cómo bailaban aquellos míticos bailaores de la historia del flamenco. Por eso hace falta frotarse los ojos cuando se tiene la fortuna de contemplar a Toni el Pelao elevar los brazos parando el aire y el tiempo. El bailaor madrileño, heredero directo de El Gato, Faíco, Fati y Juan el Pelao, es parte de la única saga centenaria del baile jondo, la que sentó las bases de estilos como la farruca y de las formas clásicas masculinas defendidas después por artistas como Antonio Gades, Manolete, El Güito... y una generación después, por discípulos como Javier Barón o Joaquín Cortés. Los Pelaos son pura historia.

Así que resulta incomprensible que, a pesar de estar en activo tanto a diario en los tablaos madrileños como esporádicamente en teatros de otros países, hacía casi un cuarto de siglo que Toni el Pelao y su pareja ‘artisticovital’ La Uchi no bailaban en Sevilla. Para más señas, desde la Bienal de Flamenco de 1984, compartiendo espectáculo con Rosa Durán, Serranito y El Gallina, entre otros. Aunque su historia con la ciudad comenzó mucho antes. Toni el Pelao es un prodigioso contador y escucharlo es una clase magistral...


La Uchi en 'Puro Flamenco' en Sevilla (Foto Daniel Muñoz)

Y eso sucedió la tarde antes de la actuación en el Centro Cultural Cajasol, durante una tertulia compartida con periodistas, organizadores y algún que otro espontáneo. Allí recordó su primera visita a la ciudad de la Giralda, con catorce años, para participar en el rodaje de la película ‘Un caballero andaluz’. “Nos alojamos en el Hotel Madrid, que estaba en la Plaza de la Magdalena, y por la noche parábamos por La Alameda, en Las Maravillas, en Los Majarones y en el Siete Puertas, donde intentaba colarme porque era un sitio...”. Ya saben, con mujeres y eso. Otra de las veces que pasó por aquí fue hace cuarenta años, ya casado con La Uchi, para los ensayos de una gira de Manuela Vargas en Estados Unidos. Acababan de tener a su primer hijo “y como aún no tenía cumplida la cuarentena, nos trajimos a mi suegra para que lo cuidara”. A lo que La Uchi añade que “le estuve dando el pecho en el bar de Pepe Pinto en La Campana, donde pasamos de fiesta un día entero”. Y entonces recuerda El Pelao cómo convenció a Pastora para que cantara un poquito... Por supuesto, lo consiguió. Como consiguió su tío Fati recoger todos los billetes de dólar que se le salieron de la bota bailando en Nueva York. Hasta inventó un nuevo paso, al barrerlos con los pies mientras se recogía. “¡Que los tengo contados!”, dice El Pelao que gritó cuando se apagaron las luces.


Toni el Pelao (Foto Daniel Muñoz)
 
   

Aunque todos los recuerdos que atesora no son nada comparados con el arte que atesora, legado, protegido y compartido en escenarios de medio mundo durante generaciones. La caña de pareja, la farruca de él, las alegrías de ella, la romera de él y las bulerías de ambos fueron los bailes para el soñado regreso a Sevilla. Que no es gente de pedir nada pero como todos, sueñan. Y hasta se ponen nerviosos... a estas alturas... ya camino de las siete décadas. Eso reconocían envueltos en sus kimonos -recuerdos de sus largas estancias en Japón- ya pasada la actuación en el camerino.

Por allí pasó más de un periodista y algún que otro aficionado no sólo a felicitar, sino a comprobar con sus propios ojos que es verdad lo que cuentan acerca del ritual del vestuario de Toni el Pelao. Fiel a la indumentaria clásica -pantalón de talle alto, chalequillo bordado en oro o plata por la cómplice Uchi y camisas con chorreras-, cuelga metódicamente todo su baúl y sale a escena vestido según la inspiración del momento. Aquí en la capital flamenca salió de negro, oro y camisa blanca para la caña, de azul profundo para la farruca y de gris perla para la romera. La bailaora escogió vistosos trajes elaborados con mantones bordados... negro y rojo, verde aguamarina, marrón y negro. Todo ello también forma parte de la propuesta, el arte del vestir, el exquisito colocarse, la inspiración, la improvisación (que aquí haberla la hay, como bien saben los cantaores y los guitarristas), la honestidad, la humildad... y esa inmensa dignidad que desprende el baile y la vida centenaria de Los Pelaos, un tesoro que proteger, una joya que admirar, en estos tiempos de prisas, de novedades, de fast-flamenco.

 
 
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