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SARA BARAS, ‘SABORES’. ESTRENO
EN PARÍS
Vuelta a los orígenes
Céline Dupin. París, 21
de diciembre de 2005
‘Sabores’. Sara Baras: baile,
coreografía, dirección, vestuario. José
Serrano y Luis Ortega: artistas invitados. José María
Bandera, José Carlos Gómez: música. Alicia
Fernández, Cecilia Gómez, Ana González,
Charo Pedraja, María Vega, Raúl Fernández,
José Galán, Raúl Prieto, Daniel Saltares:
cuerpo de baile. José María Bandera, Carlos
Gómez, Mario Montoya: guitarras. Antonio Suárez:
percusión. José Amador Goñi: violín.
Miguel de la Tolea, Saúl Quirós: cante. Théâtre
des Champs Elysées. París (Francia), del 19
de diciembre de 2005 al 8 de enero de 2006.
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Sara Baras en 'Sabores'
(Foto: Nacho Gallego) |
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Pasan diez minutos de las ocho de la tarde. Sara
Baras y su ballet flamenco van con una pizca de retraso.
Pero ya se apagan las luces, el público impaciente
está a la sombra, como los techos pintados a principios
del siglo XX por el pintor frances Maurice Denis. Es el tercer
pase del nuevo espectáculo de Sara Baras en París
y la sala esta casi llena. Al contrario, las dos primeras
noches, no había ni una butaca libre. Pero basta. La
sala esta en la oscuridad y, de repente, una estrella entra
en escena. El público tiene el aliento entrecortado.
Ya sabe que está a punto de asistir a un evento unico:
el nacimiento de un espectáculo, el placer de saborear
antes de la mayoría de los aficionados y, en particular,
de los españoles, al mejor ballet flamenco.
El traje de Sara Baras es gris, sobrio. Se ha atado los extremos
alrededor de sus caderas, para que no le molesten en sus movimientos.
Baila como de costumbre, sin sorpresas, con tanta gracia...
Está cercada por los dos bailaores con quienes comparte
escena en este espectáculo de estreno: José
Serrano y Luis Ortega, cuyas calidades están reconocidas.
Además, José Serrano ha coreografiado dos de
los trece cuadros de ‘Sabores’. Las caras están
sonrientes: aquí se celebra con gusto el flamenco puro
recién encontrado de nuevo. Y se hace recordando a
la madre de Sara, Concha Baras, una de sus maestras.
Andado el tiempo, hoy día Sara Baras ya pertenece
a la minoría selecta de los mejores bailaores de flamenco
del mundo. Ofrece al público parisino su nuevo espectáculo
desde el 19 de diciembre de 2005 hasta el 8 de enero 2006.
Los trece cuadros de la obra hablan del flamenco, de todo
el flamenco: tangos, tanguillos, seguiriyas, zambras, alegrías...
pues es una forma de homenaje al arte vivido dentro de la
gaditana desde siempre. Acompañada por su cuerpo de
ballet, por los dos bailaores, y por seis músicos dirigidos
por José María Bandera, retiene aún el
papel de la diva. Cuando sale de la escena, básicamente,
para cambiarse de vestuario, la distancia con sus compañeros
se acrecienta. Por comparación, los demás parecen
bien insípidos. Y cuando entra de nuevo, los demás
se abren para dejarla en el centro de las miradas. Adulada,
muestra una agradable exhibición técnica. Impresionante.
Zapateado perfecto, profesional, tan rápido como si
estuviera levitando algunos centímetros por encima
del suelo. Demasiada técnica y no bastante flamenco,
eso es lo que le ha sido reprochado muchas veces. Y para combatir
estas críticas, ha aprendido a emplear los gestos lentos,
los movimientos graciosos, llenos de dulzura y de amor, que
también dan fuerza al baile flamenco. Y cuando se lanza
en un zapateado diabólico, la dulzura ya pasada deja
lugar a la determinación y a la voluntad.

Sara Baras en 'Sabores' (Foto:
Nacho Gallego)
Luego, vuelve a escena vestida con un traje púrpura.
La luz se vuelve roja, atrás, los bailaores del cuerpo
de baile están sentados, y miran, sin parar, aquellos
pies famosos por su velocidad. Siguen el ritmo de Sara con
jaleos de ánimo. El cuerpo de la bailaora se parece
a una flor que no sabe si ya está en el momento de
abrirse a mostrar su belleza al mundo. Por un momento, da
su ser entero al público parisino. Y al momento siguiente,
se pregunta si tiene el deber de ofrecer así, tan fácilmente,
su arte a los espectatores. De hecho, ya sabe que el juicio
será superficial y se va con un gesto orgulloso de
la mano y la cabeza alta. La sala vuelve a la oscuridad.
Algunos segundos después, las luces se encienden de
nuevo. Luis Ortega aparece con las castañuelas en las
manos. Presenta una demostración de su genio, sin más
música que el ritmo de sus zapatos. Al poco Sara Baras
vuelve y termina con un toque bien personal. Tiene una rosa
en la boca. Las letras de José Carlos Gómez
se apoderan de la escena. Ella tiene el rostro concentrado,
por la fuerza que está a punto de manifestarse. El
ritmo va ‘in crescendo’. Las bailaoras, al fondo,
la acompañan con ánimo. Estamos en Sevilla o
en Jerez, en un tablao típico, o tal vez en un café
cantante antiguo. Todos los ingredientes reunidos dan veracidad
a la escena. Todos acaban acercándose hasta Sara, repitiendo
por última vez la copla.
Abajo el telón. Aplausos fuertes. Sara Baras ha conquistado
al público parisino otra vez. Y le rinde homenaje.
Vuelve varias veces a saludar con todo su cuerpo de ballet.
Por fin, improvisa un último baile, seguida de José
Serrano y Luis Ortega. Último saludo. Hasta el próximo
espectáculo... mañana mismo.
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