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Lebrijano
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  ‘Cuando Lebrijano canta se moja el agua’

Martín Guijarro, julio de 2008

De los tres pilares del flamenco, es el cante el que más se resiste a reinventarse. Salvo cuando intervienen perros viejos de las revoluciones como El Lebrijano. Y parece bastarle proponerse un reto, para dar un nuevo paso adelante en su arte. En el caso de ‘Cuando Lebrijano canta se moja el agua’ el desafío era devolver con cante el piropo que en su día le dedicó Gabriel García Márquez, la enigmática frase que da título al disco. Y no con cualquier cante, sino con cante hecho a partir de la obra literaria del Nobel colombiano.


Lebrijano (Foto extraída del libreto de
'Cuando Lebrijano canta se moja el agua')

Así contado, parece algo inaudito. Pero lo cierto es que Lebrijano ha salido más que airoso de tamaña empresa. No sólo por su creatividad y valentía cantaora, sino también por la labor musical que han desarrollado sus aliados (aunque sobrinos): el pianista Dorantes y el guitarrista Pedro María Peña. Ambos han logrado dar al disco una coherencia de obra integral, tejiendo ambientes en los que vuela la voz del cantaor, un entorno acorde con el realismo mágico de los personajes y las situaciones de ‘Cien años de soledad’, ‘El coronel no tiene quien le escriba’, ‘Ojos de perro azul’ o ‘Doce cuentos peregrinos’.

El cantaor está soberbio. No es sólo su potencia, ni tampoco la personalidad de su eco, sino lo imaginativo de su dibujo vocal, algo que viene impulsado por el hecho de convertir la prosa en cante flamenco. Algo que no hubiera sido posible sin el trabajo previo de Casto Márquez en la adaptación de los textos, entresacando versos de tanta flamencura como “el día que perdí el compás del tiempo, mi madre hablaba desesperadamente de ti”. Y sigue sonando y sabiendo a seguiriyas y a soleares y a bulerías. También está marcado su sello en el diseño de los coros, segundas voces que apoyan con sentido la trama que en cada pieza se desarrolla.

Y es que es un disco de personalidades, pues en él es del todo inconfundible el marchamo Dorantes. El piano lo mismo ambienta que acompaña a lo tocaor. La guitarra da el peso y el pellizco. Y luego están los complementos percusivos, unas palmas, algunos detalles de metales o cuerdas. Todo en su sitio y con su medida, tan tradicional como contemporáneo, tan situacional como evocador. Los hermanos Peña han diseñado, sencillamente, la música que debería sonar cuando se pasea por Macondo. Y El Lebrijano lo cuenta.

Contenidos

Entrevista a El Lebrijano, cantaor (junio 2008)

Especial. Presentación de ‘Cuando Lebrijano canta se moja el agua’ en el Instituto Cervantes de Madrid. Reseña, fotos, vídeo

 
 
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